Caja de Ávila
 
 

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Patrimonio

LA BÚSQUEDA DESDE LA QUIETUD

Carolina Ferrer Juan

Nacida en Catarroja (Valencia) en 1966, Carolina Ferrer se licenció en Bellas Artes (especialidad pintura) en la Facultad de BB.AA. San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia en 1989. Un año antes había realizado su primera exposición individual en el Centro Cultural Mislata de la capital levantina, con notable éxito. Estamos pues, frente a una artista en plena madurez creativa que ya tiene una larga trayectoria y, por tanto, una notabilísima experiencia acumulada. Veinticinco años de permanente dedicación a la plástica que, en un principio se desarrolló dentro de los límites de su comunidad autónoma (por otra parte, una de las regiones de mayor tradición pictórica de España), pero que en una segunda etapa dio a conocer su obra en todo el país y en el extranjero, formando parte de colecciones particulares (Pedro Ferrándiz, Madrid) y de importantes instituciones como Caja de Ávila, CEPSA o la Fundación Provincial de Cultura de la Diputación de Cádiz.

Desde un principio nuestra artista se planteó su trabajo como una doble investigación: la plástica y la personal. Este doble camino es una de las carácteristicas del arte contemporáneo y está en el origen de lo que la crítica denomina su eclecticismo. Parece natural que, si de buscar se trata, los caminos sean tan diversos y numerosos como los artistas que emprenden su recorrido. Si, como afirman los clásicos, todo lo que buscas está en ti, también se cumpliría la máxima de que cualquier obra es, en el fondo, un autorretrato. Carolina Ferrer parece buscar, desde sus inicios, el lugar de la quietud, el ángulo desde el que la vida pueda ser no sólo contemplada, sino también comprendida. Estimada en un valor, en un símbolo.

Manuel Fernández Cid, comisario de una de sus últimas exposiciones, "La habitación lúcida", celebrada en el Palau dels Valeriola (Valencia) -edificio de principios del XVII restaurado como museo de arte contemporáneo-, dividió la muestra en tres apartados: personajes, objetos y arquitecturas. De los primeros afirmaba que no importaba su identidad, sino su simbolismo. Los objetos, afirma, se integran a su vez en los personajes y, por último las arquitecturas limitarían, a modo de referencias espaciales, el conjunto. Así esbozada la propuesta, que incluía una habitación (un cubo de vidrio verde iluminado con luz fluorescente en cuyo interior había, solitaria, una silla), parece, ante todo, una propuesta filosófica. Y de esta manera la concibió la artista, como una meditación sobre la famosa frase de Pascal: «toda la infelicidad del ser humano procede de su incapacidad para permanecer quieto en una habitación».

Esta aparente digresión hacia la actualidad más reciente de Carolina Ferrer sirve, en mí opinión, para entender mejor la obra que acompaña estas líneas. "El sueño de un árbol", de la serie paisajes (1993) que forma parte de la colección Caja de Ávila. Realizada en técnica míxta sobre tabla en formato cuadrado (1,50 x 1,50) nos traslada en su sencilla apariencia, la inmediata interrogación de los símbolos. Éste árbol taraceado en negro y amarillo con un ritmo gráfico que recuerda las construcciones de Palazuelo, es una pregunta que el espectador ha de hacerse inevitablemente en cuanto abandone la cómoda postura de la contemplación ingénua. Es decir, con distintos elementos estéticos, Carolina Ferrer ya se situaba en la misma estrategia creadora que guía sus obras más recientes.

La perfección técnica que todos sus críticos subrayan, la exclusividad de sus colores y el «acabado» de las obras que recuerda las exquisitas maneras de los primitivos paisajistas, parecen surgir de un esfuerzo para que la pregunta quede planteada en sus términos exactos. Parecen buscar lo que San Agustín llamaba «el ángulo apropiado para ver». Esta es la intimidad, la emoción que nos ofrece Carolina Ferrer en sus obras: un instante de retiro, de meditación, de soledad. Algo que va más allá de las formas y que forma parte ya irrenunciable del rito laico del arte contemporáneo.

Texto: José Méndez

 
 
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