Caja de Ávila
 
 

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Espacios culturales

TODAS LAS FACETAS DE BENJAMÍN PALENCIA

El Palacio Los Serrano acoge, hasta la próxima primavera, la extraordinaria exposición "Benjamín Palencia", comisariada por Ignacio Lassaleta, que muestra obra perteneciente de su colección privada, la Colección Caja de Ávila y a otras colecciones tanto de fundaciones como particulares. Única en su concepción antológica, permite al aficionado conocer todas las etapas de la producción del artista suficientemente representadas y, de manera particular, su obra sobre papel, un tesoro de pequeñas obras que guardan, sin embargo, muchas de las claves de este artista tan unido al paisaje y las gentes de Ávila.

Desde sus comienzos Benjamín Palencia se mostró como un artista polifacético capaz, desde una sensibilidad muy personal, de abordar asuntos diversos con distintos materiales y técnicas. El conjunto de la obra que se exhibe en el Palacio Los Serrano, en la exposición comisariada por su amigo y, en cierto sentido, guardián de su memoria, Ignacio de Lassaleta, nos permite conocer cronológicamente el desarrollo del trabajo del artista y, al mismo tiempo, detenernos en las múltiples «desviaciones» que delatan los timbres más sutiles de su talento: apuntes, acuarelas, dibujos, piedras tatuadas, esbozos... Naturalmente, los distintos periodos estimados por la crítica están ampliamente representados con obras de indudable calidad.

De 1912 (el artista tenía 18 años), podemos contemplar tres acuarelas en las que además de la pureza del color podemos entrever su interés por la figura humana alzada ya, desde la realidad, a una dimensión de símbolo, o uno de sus primeros apuntes paisajísticos (1914) en el que la naturaleza ya se adapta a una mirada (en cierta medida oriental), que simplifica y al mismo tiempo hace esencial lo que traslada al lienzo. Como ejemplo de las dudas que le asaltan y de las tentativas que aborda a un artista en sus comienzos se exhibe un óleo, de 1918, que refleja en perspectiva realista una concurrida calle de Alcalá, de Madrid. En este cuadro el tratamiento afacetado del cielo parece anticipar su relación con el cubismo que haría explícita una década más tarde. En estos años previos a su viaje a París de 1926, se relaciona en Madrid con alumnos de la Residencia de Estudiantes, especialmente con Francisco Bores, Salvador Dalí y Federico García Lorca.

«La exposición permite conocer las distintas etapas de la evolución estética del artista y, particularmente, a través de una abundante obra sobre papel (dibujos, acuarelas, esbozos), las dudas y timbres más personales de su talento»

París, la cita obligada

Como resultado de su estancia parisina en la que se relacionó, entre otros, con Picasso y Joan Miró, la exposición ofrece dos deliciosos bodegones de estilo cubista, en los que (como ocurre en Bores), sobre la tendencia promovida, entre otros, por Bracque y Picasso, se impone el lirismo de su línea y la pureza de sus colores. Bodegones que, probablemente, formaron parte de su primera exposición en el Museo de Arte Moderno de Madrid, celebrada en 1928, como había sucedido en 1925 en la exposición de Artistas Ibéricos que tuvo lugar en el Palacio Velázquez, en el madrileño parque del Retiro, muestra que significó su inclusión, de pleno derecho, en la nómina de pintores notables de la ciudad. De su personalísima relación con las vanguardias siempre quedará una huella en su obra, particularmente en la realizada sobre papel.

El paisaje esencial de Castilla

En la década de los años treinta, Palencia regresa al paisaje esencial de Castilla. Y de ese retorno tenemos tres muestras magníficas, "Las perdices en hormigueros", "Castilla en silencio" y "Montes de Alcalá", en los que en su composición, pureza de trazos, y concepción minimalista aún resuena el contacto con la vanguardia, algo que sus críticos han calificado como la «síntesis entre tradición y vanguardia». Síntesis que convive con obras de abierto carácter surrealista como "Piedras y peces" (1931) y "Collage" (1934).

La Guerra Civil, que pasó en Madrid, supuso un periodo de profunda crisis personal y creativa. A partir de 1939 aparece un pintor distinto, atento de nuevo al paisaje y el color, pero desde una óptica más realista. Decantado hacia la tradición a la que, parece, quisiera aportar, no sólo los conocimientos adquiridos, sino una sensibilidad nueva, formada en contacto con las últimas tendencias de su oficio. Una razón más para que buscara en el movimiento "fauve" atrevidas maneras de aplicar el color. Este segundo periodo arranca en la exposición con el magnífico óleo "Vista de Villafranca de la Sierra" (1943) en el que refleja bajo una luz del atardecer el pueblo abulense que sería sede de su taller principal y que, junto al extraordinario, "Ávila de los Caballeros", forma parte, entre otras obras y series de dibujos del Patrimonio de Caja de Ávila. Obras menos conocidas de Palencia, menos vistas, particularmente aquellas que reflejan escenas de playa, carreras de caballos, puertos, nos descubren un «nuevo» pintor. Un artista volcado en el color, dominador de las formas y, sobre todo, profundamente libre. "Hombres en la playa" (1947) y "Barco de Pasajes" (1950), son dos buenos ejemplos. La exposición se completa con una abundante muestra de obra sobre papel entre la que destaca, de manera muy especial, la serie "Niños de Barrax", realizada en 1920 sobre modelos de su albaceteña aldea natal. Extraordinarios dibujos a lápiz (19 en total) de una maestría, elegancia de línea y dominio en el tratamiento de las telas, que además del talento muestran el aprovechamiento con el que el joven Benjamín Palencia recorría asiduamente las salas de Museo del Prado. Caja de Ávila, propietaria de la serie, ha editado un cuidado libro, en su colección "Cuadernos de artista", que recoge la serie completa -además de otras obras sobre papel- y la contextualiza en su época, y en el conjunto de la obra del artista.

«En la exposición destaca de manera especial la obra sobre papel y, particularmente, la serie "Los niños de Barrax", una excepcional colección de dibujos a lápiz que el artista realizó en 1920, en su pueblo natal de la provincia de Albacete»

Texto: Luis de la Rubiera

 
 
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