Caja de Ávila
 
 

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Editorial

EL TEMPLE NECESARIO

En las circunstancias difíciles es cuando se reconoce el temple de las personas, pero también de las empresas e instituciones. Las Cajas de Ahorros aúnan, como entidades, el doble carácter de empresa e institución. No cabe duda sobre el primero dada su actividad financiera y comercial sujeta, como todas, a unos resultados mensurables en cifras económicas, en dinero. Pero aún cabe menos sobre su carácter institucional al tratarse de entidades que, a través de la Obra Social, participan en la vida cultural, asistencial, deportiva y patrimonial de su zona de influencia.

La historia de nuestro país demuestra que las Cajas de Ahorros han mantenido su compromiso con el ahorrador aún en los momentos más complicados. No está demás recordar en estos días que al finalizar la Guerra Civil, el año 39 del pasado siglo, en un país destrozado y con una situación económica que le abocó a más de una década de extrema pobreza, las únicas entidades financieras que respetaron los depósitos de sus clientes fueron las Cajas de Ahorros. Y desde entonces estas instituciones, en muchos casos centenarias, como Caja de Ávila -con más de 130 años de historia-, han evolucionado transformándose positivamente hasta representar más del cincuenta por ciento de nuestro sistema financiero, sin haber utilizado jamás ninguna de ellas el Fondo de Garantía de Depósitos al que sí han debido de acudir, como es sabido, otro tipo de entidades.

Estos hechos, unidos al desarrollo de sus zonas de influencia en el que han colaborado con éxito y constancia, indican que la prudencia y el trabajo bien hecho, han sido el eje de la gestión de las Cajas de Ahorros españolas.

Realmente estamos viviendo momentos difíciles en la actividad económica y ante nosotros aparece el rostro más doloroso de estas circunstancias: el paro. Pero los ciudadanos han de saber que con su labor efectiva y con su esfuerzo las Cajas trabajan para que, cuanto antes, se superen estos momentos de zozobra.

En Caja de Ávila al temple de la institución añadimos, sin duda, el temple de las personas que componen sus distintos equipos. Desde los que trabajan en la más pequeña de nuestras oficinas rurales hasta los que forman la dirección corporativa, todos trabajan por su tierra y por su gente.

 
 
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