Caja de Ávila
 
 

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Crónica de obra social

ARTE CONTRA EL OLVIDO

¿Cómo olvidar, por ejemplo, el soberbio concierto que ofreció la tarde del día 16 de diciembre, dentro del ciclo Martes Musicales, el virtuoso de la "steel guitar" Aubrey Ghent, una leyenda viva del "gospel" que, en la que era su primera visita a España, ofreció al público abulense el regalo de acercar su arte a estaciudad?

Los aficionados a la música que se dieron cita aquella noche en el auditorio disfrutaron enormemente de un espectáculo que sorprendió muy gratamente, por su altísima calidad y porque dio más de lo que la mayoría esperaba; acompañando al maestro Ghent actuaron su esposa, la cantante Lori Ghent, y otros músicos con mucha clase: Glynn Moore (órgano), Larrice Byrd (bajo), Thomas Rhyan (guitarra) y Tre' Byrd (batería), que, además de ejercer magníficamente su labor individual y de conjunto, tenían aún arte, y de qué manera, para realizar las voces de apoyo. No fue, lógicamente, el único concierto de una nueva edición del veterano y esperado ciclo "Martes Musicales", cita vespertina en la que la música clásica, habitualmente protagonista, volvió a dejar sitio para el disfrute de otros estilos: el dúo de chelos formado por Dimitri y Jorge Furnadjiev, la orquesta de cámara Ckech Virtuosi, el concierto de piano a cuatro manos que protagonizó la pareja formada por Josep Colom y Carmen Deleito, o el concierto con el que la Orquesta de Cámara Metropolitana de Ávila se presentaba al público de su ciudad.

Perfectamente podría haberse incluido el excelente concierto de Aubrey Ghent y su grupo en la décima edición de la "Semana de Jazz de Caja de Ávila", ciclo éste de periodicidad anual que ha madurado con tanto cuidado, respeto y buen hacer que a poco de ponerse en marcha se convirtió en un referente inexcusable a nivel nacional, y que entre los días 25 y 30 de noviembre volvió a demostrar -con importantes innovaciones y abriéndose a las nuevas tendencias que en este estilo han surgido a nivel internacional-, que bien merece un hueco en la agenda de cualquier aficionado a la buena música.

Gustó mucho la poderosa, honda y bien educada voz del veterano Pedro Ruy Blas en su reivindicación de la figura del cantante de jazz; respondió a las expectativas la excelente calidad del saxofonista estadounidense Jesse Davis; regaló con generosidad su hermoso y dulce virtuosismo con la trompeta el cubano Yasek Manzano; cautivó de principio a fin la enorme calidad del grupo "The Funk on me!" en su viaje por unas raíces musicales exultantes de "blues", de "jazz", de "funk" y del mejor "rock"; tomó el escenario y el ánimo de los espectadores la vibrante música de la Alfons Carrascosa Big Acustic Band (con la colaboración de Dick Oats), y se cerró la Semana con el maravilloso sosiego de la triunfadora apuesta experimental de Ton Risco y Jacobo de Miguel, con el vibráfono como elemento novedoso. Magnífico cada concierto de la "Semana de Jazz" tomados de uno en uno; sobresaliente el conjunto de todos ellos. El diez que servía como ordinal para situar en el tiempo esta "Semana de Jazz" podría haber servido también para calificarla, porque esa fue la nota que mereció.

XXI Semana Flamenca

Y algo parecido podría decirse del programa que preparó Caja de Ávila para su "XXI Semana Flamenca", una esperada cita que reivindicó el presente echando una mirada, menos nostálgica que satisfecha, a un pasado de veinte años de vida en el que el olvido no ha hecho mella, porque aún permanecen frescas las actuaciones de artistas como José Mercé, El Cabrero, Diego el Cigala, Niño Josele, Vicente Amigo o Sara Baras. El presente de la "Semana Flamenca", concentrado entre los días 6 y 12 de octubre, repartió mucho y muy aplaudido arte (que de flamenco se sabe en Ávila y por eso el público es tan exigente como agradecido) entre siete conciertos, a cada cual más lleno de entrega y de saber estar sobre las tablas: El Chozas, acompañado a la guitarra por el Niño Elías; Guillermo Cano y Rubén Levaniegos; Diego Clavel y Manolo Herrera; Luisa Palicio y David Pérez (baile); Pansequito y Diego Amaya; Julián Estrada y Manuel Silveria y, para cerrar, el Coro Rociero de Córdoba.

Y cuando de citas periódicas se trata, ciclos que en demasiadas ocasiones no son valorados como se merecen, quizás porque la fuerza de la costumbre es una mala inercia que hace al hombre desagradecido, no estaría bien olvidar el enorme éxito y la hermosa labor que ejerce, cada sábado por la mañana, la puesta en escena de una de las obras que integran la programación de teatro infantil, una invitación que está consiguiendo que miles de niños disfruten del arte escénico a través de la diversión, que es quizás la mejor manera de asimilar las enseñanzas por las que se apuesta, y que también está creando una cantera de buenos espectadores cuya existencia habrá de notarse en los años venideros. Porque aprender a buscar los calcetines perdidos, sobre la necesidad de cuidar nuestro planeta, de valores universales como la amistad, el amor y el esfuerzo, o recrearse con los clásicos adaptados para su edad, no es sólo una forma de pasarlo bien, sino un camino ameno y eficaz para la formación de los más jóvenes.

Para la gente menuda, siempre muy atenta y receptiva a todo lo que se le ofrece, Caja de Ávila volvió a organizar en las vacaciones de Navidad el ciclo de cuentacuentos en el patio del Palacio Los Serrano, arte escénico de una dimensión diferente a la del teatro que ofrece un contacto mucho más directo, por su propia concepción, entre los actores y los entregados espectadores. Fue, un año más y repartido a lo largo de varias tardes, un precioso regalo de Navidad.

También en el espacio cultural Palacio Los Serrano se celebraron durante el otoño varias exposiciones de enorme interés. En sus salas tomaron asiento las impactantes esculturas del maestro Julio López, conformando una muestra que será difícil olvidar; un puñado de piezas escultóricas realizadas por jóvenes alumnas de Bellas Artes de Madrid, demostrándose una vez más el compromiso que Caja de Ávila tiene tanto con los artistas consagrados como con quienes están empezando; una exposición conjunta de los miembros del grupo El Paso -cuyos integrantes habían pasado antes por Los Serrano en exposiciones colectivas pero nunca identificados como el relevante grupo al que dieron nombre- y una preciosa colección de belenes de distintas escuelas y épocas con las que la entidad de ahorro ofreció un precioso y artístico prólogo a la Navidad que comenzaba cuando el otoño tocaba a su fin.

Una oferta expositiva que compartió espacio y tiempo con el comienzo de un nuevo curso de los talleres de Los Serrano, una apuesta plural de formación muy demandada, que ha vuelto a conseguir el interés y la confianza de cerca de un millar y medio de personas de todas las edades que acuden, semana a semana, para aprender y para perfeccionar sus conocimientos en materias como pintura, grabado, historia o literatura.

Texto: David Casillas

 
 
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