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Arquitectura

DESDE EL ARTS AND CRAFTS HASTA EL MODERNISMO

Desarrollo de la Arquitectura moderna

Mediado el siglo XIX Inglaterra vive las consecuencias de la revolución industrial. Las ideas societarias arraigan en las clases trabajadoras y el sociólogo, crítico y profesor de arte John Ruskin reacciona contra la fealdad de los objetos producidos industrialmente -manifestada en la Gran Exposición de Londres de 1851-, demandando la vuelta a los valores artesanos medievales y su aplicación al proceso industrial. Propugna la obra arquitectónica a la manera de la construcción de las catedrales góticas, en la que los artesanos aportan su maestría al desarrollo total. Se busca una implicación en los proyectos, de manera que los objetos y los edificios participen del alma de su autor, y posean la belleza como una de sus cualidades.

William Morris, discípulo de John Raskin, artesano, arquitecto, pintor, editor y poeta, crea las bases del movimiento Arts and Crafts (Artes y Oficios), que agrupa a múltiples artistas bajo el manifiesto de Ruskin. Aprovecha su relación con los pintores de la Hermandad Prerrafaelita para que decoren los muebles, papeles pintados y tapicerías que produce en su empresa Morris & Co., que difunde por el país las premisas del movimiento. Intenta poner de manifiesto la preponderancia del hombre sobre la máquina mediante la conservación de los oficios tradicionales. En la misma dirección trabaja Arthur Mackmurdo, cuya empresa Century Guild funciona en Oxford de forma similar.

No obstante, aunque no consigue democratizarse, genera una nueva manera de ver el arte y la arquitectura, que hacia el fin de siglo culmina en la adopción de líneas curvas, elementos naturales y formas orgánicas aplicadas a las nuevas técnicas constructivas tales como el acero estructural, que se sintetiza en el movimiento artístico que conocemos como Modernismo.

Del Modernismo al movimiento Moderno

Se llamará «Modernismo», «Art Nouveau», «Jugendstil», «Liberty», o «Secession», según el lugar donde se nombre. Grandes figuras como Van de Velde y Víctor Horta en Bruselas, Charles René MacKinthos en Glasgow, Otto Wagner, Adolf Loos y Josef Hoffman en Viena y Joseph María Olbrich en Viena y Darmstadt, se adhieren a sus principios, convirtiéndolo en el primer movimiento artístico moderno internacional que rompe con el historicismo y el eclecticismo en vigor y busca la inspiración en la naturaleza. Henri Van de Velde dice en 1902: «La línea es una fuerza», frase que resume la potencia expresiva y estructural de las formas orgánicas. Diseñador de muebles, arquitecto e interiorista, trabaja en Bruselas y Berlín. Amigo de Walter Gropius, le deja como jefe de la escuela de Artes Aplicadas de Berlín, lo que desembocará en la creación de la Bauhaus, escuela de arte y diseño que agrupaba a diferentes arquitectos, escultores, pintores, escenógrafos y diseñadores cuyo ideario desembocó en el Racionalismo.

El Modernismo adopta las formas naturales tanto en elementos ornamentales como estructurales. La nueva tecnología de manipulación del acero permite incorporarlo a la estructura del edifico. Víctor Horta (1861-1947) lo hace magistralmente en la Casa del Pueblo de Bruselas (1896-1899) y en los Almacenes Innovation (1901-1903). El vidrio natural o coloreado participa en el lenguaje decorativo. El hotel Solvay (1895-1900), el palacio Tassel (1892) y la propia casa de Horta (1898) son ejemplos paradigmáticos de este estilo, que genera maravillosos ejemplos de aplicación de la decoración orgánica a la estructura de metal. En Francia, Hector Guimard (1867-1942), es característico. Proyecta el Castel Beranguer (1898), obra que le populariza de inmediato, las estaciones de fundición del metro de París (1900), el Palais León Nozal (1905) y el Chalet Blanco en Normandía entre otros trabajos. En (Hungría) Ödön Lechnery es el gran maestro y la calle Király de Budapest un auténtico muestrario de la nueva tendencia.

Con el nombre de Modern Style, una revolución sacude el arte francés, arquitectos como Emile André, pintores como Toulouse-Lautrec, músicos como Debussy, escultores como Aristide Maillol, vidrieros como Emile Gallé, mueblistas como Louis Majorelle y ceramistas como Dammouse se involucran en la nueva tendencia. «La línea recta no existe en la naturaleza» es el axioma justificativo. Plantas trepadoras, animales fantásticos, las fuerzas del mar desatadas componiendo balaustradas y miradores. Hongos, estrellas de mar y helechos, forman parte de tejados, chimeneas, balcones y barandillas. Al otro lado del Atlántico, insectos de todo tipo se resuelven artísticamente para la joyería en las manos de Tiffany. En Chicago, Louis H. Sullivan (1856-1924) aplica la tendencia a los edificios que repueblan la ciudad después del incendio de 1871. Proyectos que adoptan conceptos de ingeniería estructural a la vez que utilizan una profusa decoración modernista. Se nota en su obra la lejanía a Europa, que le permite un trabajo libre y personal e influir en una nueva generación de arquitectos. Suyo es el edificio de los almacenes Carson Pirie Scott & Co. (1899-1904), cuyos dos pisos inferiores se festonean con abundantes guirnaldas en relieve. Sucede a Sullivan, Frank Lloyd Wright (1867-1959), que coincide en el tiempo con Horta, Van de Velde, Mackintosh, Olbrich o Hofmman. Sus Casas de la Pradera sintetizan un nuevo modo de vida para sus habitantes, que lo asumen como característico del modelo americano. Todo gira alrededor de la chimenea central, dejando al exterior la zona de servicios y labores domésticas. Refuerza el sentido de las líneas horizontales y crea una sucesión de ambientes protegidos, pero abiertos mediante grandes vanos que dan a su obra un carácter muy particular. La Casa Heurtley en el Oak Parck (1901), la Casa Coonley (1908) Y la Casa Robie de Chicago (1906-1909) son muestras de su arquitectura modernista. Con el tiempo su estilo se desarrolla hacia el organicismo, creando en 1936 la Casa de la Cascada o en 1943-1959 el Museo Solomon R. Guggenheim.

«La línea recta no existe en la naturaleza», fue uno de los principios rectores del Modernismo, un movimiento artístico que tuvo en la arquitectura una de sus máximas expresiones y que nació como reacción frente al «feísmo» de la industrialización.

El Modernismo en España

En España, el movimiento se produce principalmente en Cataluña. Lluis Doménech i Montaner (1850-1923), catedrático de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, influye en la difusión de sus postulados con sus artículos en la revista "La Renaixença". Aplica en sus obras principios racionalistas en los sistemas constructivos y ornamentaciones modernistas en los acabados y decoraciones, Su obra emblemática es el Palau de la Música Catalana (1908).

Josep Puig i Cadafalch (1867-1956), profesor de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, es discípulo de Doménech i Montaner, y se le considera el último representante del Modernismo. Quizá su obra principal sea la Casa Terrades o de les Puntxes (1905). Su última época está caracterizada por la utilización de elementos romanos, el uso del color amarillo en las fachadas, así como la aparición de componentes basados en las artes populares y decorativas regionales mezcladas de manera preciosista. Antonio Gaudí (1852-1926) es el exponente y máxima figura del Modernismo catalán. Influenciado por los escritos de Ruskin y las actuaciones de Viollet-Le Duc, desarrolló su vida profesional en Barcelona bajo el patronazgo de la familia Güell, para la que realizó una parte importante de su obra. Construyó entre otros proyectos el Palau Güell, la Cripta de la Colonia Güell y el Parc Güell. Hombre de profunda religiosidad, proyecta edificios religiosos como la Sagrada Familia, aún en construcción.

En Madrid, el Modernismo carece de la fuerza que tuvo en Barcelona. El mejor jemplo es el Palacio Longoria (1902), de José Grases Riera -discípulo de Gaudí-, con decoración vegetal en las fachadas y una escalera imperial de mármol y barandilla de metal, edificio que alberga la Sociedad General de Autores de España.

Otros ejemplos en Madrid son el de la Compañía Colonial (1908) realizado por los hermanos Mathet en la calle Mayor y la Iglesia de la Buena Dicha (1917), de Francisco García Nava, con elementos medievales y mudéjares, así como la casa Pérez Villaamil (1908), obra de Eduardo Reynals Toledo, con una fachada estructurada por la verticalidad del mirador y el ritmo de los huecos de los balcones. El desastre socioeconómico generado por la Primera Guerra Mundial, reestructura el pensamiento arquitectónico. Estamos en los años veinte. Así, el Movimiento Moderno sucede al Modernismo tras su caducidad como propuesta formal. La necesidad de vivienda para las clases obreras en los núcleos industriales orienta la arquitectura hacia el naciente Racionalismo.

Texto: Sara Delgado Vázquez. Arquitecto

 
 
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